Reflexiones sobre el taller de madres y padres de adolescentes

La semana pasada finalizó el Taller «Padres y madres en apuros. El reto de la adolescencia» que tuve el placer de guiar junto con dos compañeros de la Academia Arganzuela. Quería poder compartir el inmenso placer que fue juntarnos en ese espacio con las madres y padres que participaron durante tres mañanas de sábado.

Me llevo la agradable sensación de haber acompañado durante parte de su camino a estas personas, el agradecimiento a ellas por prestarse y compartir sus experiencias y heridas, pero sobre todo el privilegio y admiración de haber podido ver su crecimiento y su aprendizaje en tan poco tiempo.

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Fue un viaje, y como tal lo vivieron, hacia el conocimiento de sus propios/as hijos/as; entender lo que les ocurre interna y relacionalmente los ayudó a mirarlos/as de otra manera, situarse a su lado y comprender para qué necesitan mostrarse de determinadas maneras a menudo desagradables. También un viaje hacia el conocimiento de ellos/as mismos/as, de sus heridas del pasado que, como en la corteza de un árbol, pueden verse en el presente y proyectarse en la relación con sus hijos/as. Así algunos pudieron sanar algunos aspectos de su propio «yo» adolescente y acercarse más a sus hijos/as, y reparar o plantearse cómo hacerlo en la relación con sus propios padres. Además de llevarse la idea de cuidarse a ellos/as mismos/as para seguir acompañando a sus hijos/as en su crecimiento.

Son experiencias como estas las que me dan las ganas de repetir este taller cuanto antes. Pero sobre todo es lo que me hace amar mi profesión.

 

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