¿TDA/TDAH o dificultades emocionales?

¿TDA/TDAH o dificultades emocionales?

Cada vez hay más diagnósticos de Déficit de atención y/o Hiperactividad, ¿hay más casos o ahora se le pone nombre a algo que ya ocurría antes? En cualquier caso considero que hay muchos diagnósticos erróneos o que simplemente no explican aquello que le está ocurriendo al/a niño/a. Es decir, estas etiquetas son descriptivas, hablan de la conducta, pero no de qué la provoca y, en muchas ocasiones, el tratamiento va enfocado a lo primero sin resolver lo segundo. Por eso, lo que a menudo ocurre es que el síntoma se transforma, y los diagnósticos van variando y complejizándose con la edad o se le van añadiendo cada vez más adjetivos, como desafiante, explosivo, etc. Y es que, cuando una petición de ayuda no es escuchada o atendida como se necesita, la lógica y la supervivencia nos invitan a intentar otros métodos cada vez más llamativos. ¿Y si la causa de conductas expansivas (necesitar movimiento) fueran una manera de regular o calmar una emoción? ¿Y si no poder prestar atención a la información que se recibe del exterior tuviera que ver con una dificultad emocional que es más demandante? Creo que precisamente este cambio de perspectiva es lo que más puede ayudar a los/as niños/as, porque no es más que una expresión de su mundo interno, intentan solucionar y demandar lo que necesitan de las maneras que saben y pueden. No nos olvidemos de que son pequeños/as y están aprendiendo; a veces les pedimos cosas que ni los propios adultos podemos hacer. Por eso tenemos que ayudarlos a que elaboren, manejen, integren, etc. aquello que les está ocurriendo a nivel...
Necesidades de l@s niñ@s

Necesidades de l@s niñ@s

Con motivo del día Universal del/a niño/a del pasado 20 de noviembre, quiero hacer esta entrada para hablar de las necesidades de las personas en esta edad tan bonita, vulnerable y difícil a la vez, en la que los/as adultos/as somos los/as responsables, los/as que tenemos los recursos para poder cuidar, ayudar y proteger. Si bien estas necesidades son aplicables a cada adolescente y adulto/a, pues todas las personas necesitamos y nos merecemos ser cuidadas. Especialmente si no lo fuimos en nuestra infancia. Este texto va dirigido a todos/as los/as niños/as que lo son, los que lo fuimos y los que lo serán. Relacionándolo con todas las entradas anteriores de mi blog que hablan sobre las emociones, tanto las agradables como las desagradables, podemos decir que lo más necesario para los seres humanos es que se nos reconozca y se nos valide. Cuando un/a niño/a se cae y llora (o cualquier circunstancia desagradable vivida), ya sea porque le duele, porque se ha asustado, etc., a las personas que estamos alrededor nos puede salir decir cosas del tipo “no pasa nada”, “no te preocupes” o “no te asustes”. Algo que, con toda la buena intención del mundo porque lo que queremos es calmar, puede crear una confusión interna, pues por dentro siento algo desagradable y desde fuera me dicen que no tengo que sentirlo o no es real. No estoy diciendo que no haya que hacer nada para intentar calmar, si no que primero hay que validar lo que le está ocurriendo a la persona, muchas veces con describir es suficiente (“¡Ah! Estás llorando porque te has caído”), pero también...
La tristeza y el enfado

La tristeza y el enfado

En esta nueva entrada continuaré hablando de las emociones, de dos de las más desagradables que solemos sentir, como son la tristeza y el enfado. Para ello os invito a leer un breve cuento de Jorge Bucay que está dentro de su libro “Cuentos para pensar”. La tristeza y la furia En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas… Había una vez… un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente… Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aun, salió del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya...
¿Emociones malas y buenas?

¿Emociones malas y buenas?

Empezaré esta entrada del blog con una frase que puede resultar controvertida, aunque quizá ya la hayas escuchado: No hay emociones malas o buenas. Todas las emociones son necesarias y funcionales, si bien unas son más agradables que otras. Como ya pudiste leer en la anterior entrada “El cuerpo habla”, hablamos de las emociones desagradables como la tristeza, el estrés o el enfado que pueden provocar que nuestro sistema inmune baje y nuestro cuerpo pueda enfermar. Son sensaciones incómodas y difíciles de transitar o manejar, por eso en muchas ocasiones intentamos evitarlas o negarlas. Las emociones agradables como la alegría o la tranquilidad, no suponen un problema ya que provocan en nuestro cuerpo y nuestra mente una sensación de bienestar. Por eso quisiera reflexionar sobre las primeras. Estas sensaciones son incómodas incluso cuando vemos que otra persona las siente e, inmediatamente, necesitamos liberarlo/a de ellas, pues, no queremos ver a alguien que apreciamos sufrir, y porque además es difícil sostener, estar al lado o acompañar a una persona que se encuentra así. Por eso, cuando alguien está triste o cuando lo estamos nosotros/as, es bastante probable que le digamos o nos digan “anímate, sal de casa, no lo pienses, no te preocupes, no te enfades…”, frases cargadas de buenas intenciones como es ayudar. Sin embargo, normalmente no tienen el efecto deseado. La explicación tiene que ver con lo que hemos comentado al principio, todas las emociones son necesarias y funcionales, además de coherentes con las situaciones que vivimos y nadie nos las puede negar, son reales, las estamos sintiendo, algo diferente es que no sepamos ponerle palabras o por...
El cuerpo habla

El cuerpo habla

Seguramente en más de una ocasión ante un dolor, molestia o malestar físico has dicho o te han dicho “eso es que estoy/estás somatizando”, para referirnos a que, ante una sentimiento o emoción nuestro organismo reacciona. Y es que nuestro cuerpo nos manda mensajes, unas veces más claros y contundentes y otras más difusos. No siempre un síntoma físico se corresponde directa y claramente con una emoción o conjunto de ellas, pero es bueno conocer nuestro cuerpo y sus reacciones pues a veces no da pistas sobre lo que nos está ocurriendo antes quizá de que conectemos, lo detectemos o podamos ponerle palabras. Esto nos puede permitir poner en marcha mecanismos para manejar aquello que nos puede estar ocurriendo emocionalmente y cuidarnos para no empeorar. En ocasiones el malestar físico o sentimental no se reduce rápidamente y solo podemos transitarlo de la mejor manera posible. Estas manifestaciones físicas pueden ser muy diversas: desde dolores musculares, de cabeza, enfermedades (constipado, gastroenteritis…), hasta el insomnio, somnolencia, mareos, lagunas de memoria… Incluso enfermedades crónicas o padeceres físicos que consideramos habituales en nosotros, como migrañas, psoriasis, colon irritable…). Que haya una causa emocional detrás de dichas manifestaciones no quiere decir que éstos sean una invención o nos los estemos creando con la mente, como quizá se pueda pensar. No, esos síntomas son reales, nuestro cuerpo los está padeciendo y no nos los estamos inventando. Por eso siempre es recomendable descartar primero las causas físicas acudiendo al médico en función de la gravedad y tomando medicinas o tratando el dolor. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las emociones desagradables como la tristeza,...