¿Emociones malas y buenas?

¿Emociones malas y buenas?

Empezaré esta entrada del blog con una frase que puede resultar controvertida, aunque quizá ya la hayas escuchado: No hay emociones malas o buenas. Todas las emociones son necesarias y funcionales, si bien unas son más agradables que otras.
Como ya pudiste leer en la anterior entrada “El cuerpo habla”, hablamos de las emociones desagradables como la tristeza, el estrés o el enfado que pueden provocar que nuestro sistema inmune baje y nuestro cuerpo pueda enfermar. Son sensaciones incómodas y difíciles de transitar o manejar, por eso en muchas ocasiones intentamos evitarlas o negarlas. Las emociones agradables como la alegría o la tranquilidad, no suponen un problema ya que provocan en nuestro cuerpo y nuestra mente una sensación de bienestar. Por eso quisiera reflexionar sobre las primeras.
Estas sensaciones son incómodas incluso cuando vemos que otra persona las siente e, inmediatamente, necesitamos liberarlo/a de ellas, pues, no queremos ver a alguien que apreciamos sufrir, y porque además es difícil sostener, estar al lado o acompañar a una persona que se encuentra así. Por eso, cuando alguien está triste o cuando lo estamos nosotros/as, es bastante probable que le digamos o nos digan “anímate, sal de casa, no lo pienses, no te preocupes, no te enfades…”, frases cargadas de buenas intenciones como es ayudar. Sin embargo, normalmente no tienen el efecto deseado.

La explicación tiene que ver con lo que hemos comentado al principio, todas las emociones son necesarias y funcionales, además de coherentes con las situaciones que vivimos y nadie nos las puede negar, son reales, las estamos sintiendo, algo diferente es que no sepamos ponerle palabras o por qué nos ocurre. Por eso esas frases no funcionan como nos gustaría, porque es como si dijeran “aquí no pasa nada, olvídalo”. Y si estas emociones se evitan, se niegan o no se atienden, podemos empeorar y nuestro cuerpo puede mandarnos mensajes. Porque sí nos está pasando algo y, además, como dice la cantautora María Rozalén en una de sus canciones, “todo lo que no se atiende tarde o temprano reaparece” y normalmente de maneras cada vez más amargas. Nuestra mente y nuestro cuerpo son sabios y nos ayudan a prestar atención y resolver aquello que necesitamos.
La solución no pasa por eliminar estas emociones, si no vivirlas, transitarlas e integrarlas en nosotros. Esas emociones no van a desaparecer de la noche a la mañana aunque queramos, eso es cierto, pero podemos hacer cosas que nos ayuden a transitarlas de manera menos desapacible. Piénsalo, seguro que sabes las cosas que te sientan bien cuando estás triste o enfadado/a, quizá sea escuchar música, pasear, llorar, hablarlo con alguien que te encienda, etc. Usa todas esas herramientas que ya tienes para atravesar ese camino que tiene un final (siempre lo tiene, aunque a veces se vea complicado y largo, pero acabará).

Si el trayecto se te está haciendo demasiado costoso o ya no sabes cómo seguir, entonces puede ser bueno consultar a un profesional de la psicología. Si lo deseas puedes ponerte en contacto conmigo, estaré encantada de ayudarte. Recomiendo la película “Inside out”, traducida al castellano como “Del revés” o “Intensamente” como una representación entretenida y visual de la necesidad de todas las emociones y su integración.